ESMA perfila su hoja de ruta para el próximo trienio

Guillermo Setién

Especializado en el ámbito financiero y su regulación, de vital cumplimiento, se desarrolla profesionalmente en esta materia en un departamento altamente especializado e innovador como el de Derecho Financiero y del Cumplimiento Normativo
Guillermo Setién

Hace unas semanas la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA, por sus siglas en inglés) publicó su Orientación Estratégica orientada a los próximos tres años (2020 – 2022) en el que anticipa cuales son las líneas maestras que integrarán su actuación y en la que identifica sus objetivos y prioridades en dicho trienio.

Para ESMA, la salida del Reino Unido –no en vano el mayor de los mercados de capitales de los Estados Miembros– y los cambios en las relaciones globales, el aumento de responsabilidades de la propia agencia reguladora respecto del periodo 2016 – 2020, la incesante evolución económica o la necesidad de integrar los efectos del cambio climático y la transición ecológica en la supervisión financiera, imponen la necesidad de aprobar una nueva hoja de ruta  que se ajuste a los mercados financieros en Europa, garantizando tres ejes básicos: la protección del inversor, la transparencia y eficiencia del mercado y la estabilidad financiera.

En primer lugar, y de cara a diseñar la línea estratégica de la agencia reguladora, la publicación identifica los retos a los que se enfrentan los mercados de valores europeos en los próximos años.

Así, la fragilidad de los mercados –a la que se añade la incertidumbre de cómo afectará a largo plazo la política de intereses del BCE–, la evolución tecnológica y el big-data y su impacto sobre las finanzas, la necesidad de ajustarse a la transición ecológica y al cumplimiento de los objetivos 2030, y la todavía insuficiente incorporación de las PYME y los minoristas a los mercados, suponen los principales desafíos a afrontar por el supervisor, considerando además la fragmentación del mercado global a la que ha conducido la revisión de los tratados internacionales y al estado de fatiga de los operadores dada la extensa normativa europea.

Para dar respuesta a ello, ESMA propone unas líneas de actuación definidas. En primer lugar, entiende como esencial la progresiva incorporación de las PYME y los minoristas a los mercados de capitales hasta conformar una base estable de inversión retail que no se limite a llevar sus ahorros a depósitos. ESMA considera que la recuperación de la confianza de los inversores, la promoción de su cultura financiera y la reducción de los costes asociados a la inversión son las actuaciones que podrían coadyuvar la consecución de este objetivo, que culminaría en última instancia en la creación de un mercado específico para las PYME que conformen el segmento HNWE (alto patrimonio neto).

En segundo lugar, para afrontar los efectos que el cambio climático pueda conllevar para el mercado financiero europeo, ESMA se compromete a avanzar en el desarrollo de identificación de riesgos medioambientales y ESG, favoreciendo igualmente que los inversores adquieran consciencia de qué riesgos relacionados con factores ESG asumen en sus operaciones, colaborando para ello con otras agencias como ESRB y manteniendo políticas comunes de cara a esta problemática.

La digitalización del mercado y los avances tecnológicos no solo suponen para ESMA un cambio en el modo de operar en los mercados, sino que también abren una ventana de oportunidad a través de la que optimizar su labor supervisora. La mayor transparencia y la reducción de los costes que podría conseguirse a través de los mismos deberían ser aprovechadas por el regulador para liderar el uso de sistemas, como la inteligencia artificial, en su labor supervisora, valorando, eso sí, sus riesgos asociados, como los ciberataques o la necesidad de dotar de un régimen legal a instrumentos como las criptomonedas.

Por último, ESMA recuerda que su supervisión se fundamenta en un enfoque basado en riesgos, a través del que los requisitos regulatorios y la supervisión que recaen sobre una entidad pequeña deben ser de una intensidad menor de los que pesen sobre entidades grandes y complejas. Para ello el documento inciden en la necesidad de avanzar en la creación de un marco regulatorio proporcional al tamaño y naturaleza del sujeto supervisado, que permita a las entidades pequeñas participar en el mercado de valores.

Además de estas directrices, mediante las que ESMA pretende fortalecer el papel del mercado financiero de la UE en el marco global, el documento también aborda las estrategias por actividad a seguir, en lo relativo a cuestiones la evaluación de riesgos, para la que el documento propone una colaboración con las autoridades nacionales en recabado de datos que permita a ESMA actuar como data-hub (cubo de datos), la convergencia regulatoria, consolidando una normativa armonizada para los Estados Miembros (Single Rulebook) y el papel de facilitador del supervisor europeo entre supervisores nacionales y la importancia de los peer reviews, la supervisión directa de las entidades financieras específicas, que habrá de estar basada en un enfoque a largo plazo y el desarrollo de una normativa armonizada más completa.

En definitiva, ESMA elabora un plan ambicioso para consolidar un mercado financiero comunitario cohesionado y que fortalezca su papel en el contexto global, adaptado a la novedad tecnológica y al contexto de emergencia climática, del que queda esperar a su ejecución para valorar su éxito o fracaso.

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