finanzas sostenibles

La estrategia renovada de finanzas sostenibles a ojo de los supervisores

María Molina Martín
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En el segundo trimestre de este año, la Comisión lanzó la consulta para la elaboración de una Estrategia Renovada de Finanzas Sostenibles. En un sector tan regulado como es el financiero, el papel supervisor es crucial y hemos considerado oportuno analizar los aspectos que más preocupan a EBA, ESMA y EIOPA sobre la incorporación de la sostenibilidad a las finanzas a través de la revisión de sus respuestas a la consulta. En concreto, los principales retos y oportunidades identificados de cara al desarrollo de la estrategia.

Principales retos y oportunidades a ojos del supervisor

En primer lugar, y aunque no resulta exclusiva de los supervisores, los tres apuntan como uno de los retos principales el acceso y la comparabilidad de los datos en materia tanto de divulgación por las empresas como de ratings ESG. Asociadas a la información, encontramos también la preocupación sobre la metodología y datos para la identificación y valoración de los riesgos climáticos, donde la EBA apunta la importancia de basar los análisis en escenarios y no solo en datos o información histórica, escasa y de poco valor predictivo. Es cierto, y así se reconoce, que ya se han dado pasos para la mejora del aspecto de la información y comparabilidad (con el reglamento de divulgación y el de taxonomía), pero la importancia de contar con una metodología común y robusta para el análisis de los riesgos, su impacto en las finanzas y viceversa (el impacto de las finanzas en los riesgos climáticos a través de la reconducción de flujos de capital) resultan fundamentales.

ESMA hace otro apunte interesante en cuanto a los retos sobre todo en la medida en que la Comisión busca identificar aspectos sobre los que deben desarrollarse medidas políticas o legislativas: según ESMA, resulta necesario “garantizar la correcta implementación y aplicación de la nueva normativa, dada la intensa actividad legislativa comunitaria de los últimos años. Aunque no se desarrolla expresamente, desde el punto de vista supervisor, podemos entender que esto apunta algunos problemas de fondo como la preparación y dotación de recursos (adecuación del tamaño y conocimientos de las plantillas, desarrollos técnicos, criterios supervisores…) o la necesidad de observar los resultados de la completa implementación de las modificaciones o nuevos requisitos. Este apunte del supervisor es importante también desde el punto de vista de las entidades supervisadas ya que los costes regulatorios se han incrementado en los últimos años. No obstante o quizá por ello es importante que la integración de la sostenibilidad en la actividad financiera se haga desde la máxima prioridad a los objetivos que pretende, pero con atención a un equilibrio suficiente que permita el desarrollo de la actividad sin perder capacidad de innovación y competencia, igualmente necesarias al propósito del marco de las finanzas sostenibles.

En segundo lugar, se identifican importantes oportunidades: por un lado, ligadas a la propia actividad por la mejora de la vinculación con los clientes e inversores, mejora de la gestión por la toma de conciencia de los riesgos y adaptación del negocio a los impactos derivados del cambio climático y, por otro lado, en lo relativo al marco de regulación y supervisión. A este respecto, ESMA señala la oportunidad de crear un marco supervisor coherente y coordinado con las autoridades nacionales desde cero que permita evitar arbitrajes interpretativos y de criterio supervisor y combatir con mayor eficacia el greenwhasing. No deja de apuntar la oportunidad de crear un marco legislativo consistente y proporcionado, indicando el sobreesfuerzo que muchas PYMEs deben hacer en la transición y para el cumplimiento. La EBA, por su parte, destaca la oportunidad de que la actividad bancaria desarrolle su actividad fundamental de intermediación centrada en el cumplimiento de los ODSs.

Los tres, EBA, ESMA y EIOPA, señalan también algunos obstáculos regulatorios o de políticas comunitarias, muy en la línea de los retos señalados, pero donde destaca la referencia de EBA al horizonte de planificación estratégica de las entidades bancarias. Sin tener en cuenta factores externos que contribuyen a la necesidad de resultados a corto plazo de las entidades, resulta fundamental que, como apunta el supervisor, se analice el impacto de la regulación en la integración de desafíos a largo plazo en las entidades. Tal y como apunta la EBA existen presiones que implican una visión a no más de tres-cinco años como las de rentabilidad, derivadas de la normativa contable, requisitos en materia de supervisión (SREP, los propios test de estrés…) o los requerimientos de capital.

Ante la crisis de la COVID19, hemos visto cómo, desde el Consejo de la UE, se han adoptado decisiones de flexibilización, precisamente, de requisitos de capital e, incluso, para el retraso de la aplicación de la normativa contable, por su impacto en las provisiones para cubrir el riesgo de crédito. En la misma línea, el ejemplo de los supervisores comunitarios (incluidos BCE o EBA). Hemos visto, por tanto, que ante la materialización de un riesgo, se articulan soluciones flexibles; merece la pena, por tanto, dedicar los esfuerzos a la definición de riesgos y escenarios a medio y largo plazo ya que, efectivamente, parece que solo a partir de ello, podrán articularse soluciones adecuadas.

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